DREAMS – FLEETWOOD MAC

1977 – Warner Bros. Records – 4:14

Mi padre era representante, signifique lo que signifique. Para nosotros significaba que salía de casa todos los lunes antes del sol, cargado con una maleta de muestras de calcetines y otra de ropa para la semana, y que cuando volvía era una fiesta. Salíamos a cenar fuera y mi madre, que se había pasado toda la semana con la cara lavada, se maquillaba y estaba guapísima. Solíamos cenar en una bodega del pueblo de al lado, prácticamente el mismo menú todas las semanas: tortilla de patata, morcilla, chorizo frito o a la sidra, y unas chuletillas. El sábado solíamos hacer alguna excursión al campo. De vez en cuando cambiaba el contenido de la maleta de muestras, que podía ser calcetines, relojes, tapicerías o ropa de bebés. Nos vino muy bien que fuera representante de ropa de bebés, cuando nació mi hermana no hubo que comprar ni una sola prenda. Después nos enteramos que no le habían pagado y se había quedado el muestrario en pago. Cuando nació mi hermana dejamos de salir a cenar los viernes, y aunque mi madre se arreglaba igual y se pasaba todo el viernes en la cocina, preparando el mismo menú, ya no fue lo mismo. Mi padre dejó de representar y montó una pequeña mercería en un barrio alejado de nuestra casa, que tenía mejores vecinos y muchos niños que rompían leotardos, y las dos maletas, la de las muestras y la de la ropa para la semana, envejecieron en lo alto del armario, como mi padre en el sofá. Treinta años más tarde murió de viejo o de aburrimiento, y pocos vinieron a su entierro.

Hace unos meses comí de menú. No recuerdo qué, pero sí recuerdo que vi a mi padre en la televisión. En la misma fotografía que amarillea en el salón de mi madre. Los dos, guapos, delgados, elegantes, apoyados en un Seat 600 frente a un cartel de Lugo. Mi madre lleva unas gafas de sol enormes, pero aun así se nota la adoración por su marido. El presentador hablaba de la publicación de la biografía de uno de los renovadores del jazz en Europa. En otra foto salía mi padre, tan pelirrojo y despeinado como siempre, soplando una trompeta. Sudaba, y sus mejillas estaban a punto de estallar. No conocía esa foto. Tampoco el vídeo de después, donde mi madre bailaba descalza, embutida en el mismo vestido negro de la foto con el cartel de Lugo. Busqué el vídeo en Youtube, y allí estaba, mi madre bailando y mi padre tocando la trompeta. Compré el libro y allí estaban los dos. En Montreux, tocando con Thelonius Monk, con Spyro Gyra, en el Hot Club y en el Jamboree, con Tete Montoliú. Abrazando a Vladimiro Bas. También estábamos mi hermano y yo en una única fotografía, sentados frente al monumento al Pastor en Pancorbo. En el libro se agradecía la colaboración de su esposa, por la cesión de las fotografías. Mientras iba a ver a mi madre, con el libro bajo el brazo, recordaba todas esos viajes en silencio, sin encender la radio, sin cantar una canción infantil, hasta el punto que el aburrimiento nos hacía caer dormidos, costumbre que todavía conservo. En casa de mis padres no había ni una radio.

Mi madre no negó nada. Para qué, las pruebas estaban delante de ella, en formato Coffeetable book.